Con los niños a cuesstas

Con los niños a cuesstas

domingo, 13 de septiembre de 2015

Ruta megalítica de Eina

El tercer día amaneció muy nublado en Font-Romeu. La previsión meteorológica anunciaba lluvias para la tarde, pero la nubes que teníamos encima nuestro no parecían estar de acuerdo con el hombre del tiempo. No llovía, pero daba la impresión de que en cualquier momento podía ponerse a chispear. Teníamos pensado ascender al Pic dels Moros, pero con ese tiempo no era posible, era arriesgarse mucho. Así que decidimos cambiar nuestros planes y bajar hasta Eina, para hacer un recorrido por sus alrededores en una bonita, corta y sencilla ruta que nos permitiría visitar algunos monumentos megalíticos que hay repartidos por sus prados. Para acercarnos hasta Eina desde Catalunya hay que cruzar la frontera francesa tras pasar por Puigcerdà y seguir la N-116 que conduce a Mont-Louis, hasta encontrar el desvío señalizado que hay pasado el pequeño pueblo de Saillagouse. Una vez en Eina (Eyne en francés), dejamos el coche en un aparcamiento que hay justo a la entrada del pueblo.
 
 
Distancia: 5 km.
Tiempo: 2 horas, a paso de niño

Mapa de la ruta - Folleto informativo


Junto al aparcamiento está el punto de información (la Maison de la Vallée) donde nos suministrarán un folleto con el recorrido que vamos a realizar. Salimos y giramos a la izquierda por la primera calle, la calle del Carreter, al final de la cual comienza un camino de tierra que nos aleja del pueblo.

Saliendo del punto de información

Por la calle del Carreter

Abandonamos el pueblo por la pista

En la bifurcación tomamos el camino de la derecha
 
 
Avanzamos por el antiguo camino de Bolquera rodeados de prados y con unas vistas excelentes hacia los dos lados del altiplano de la Cerdanya. La pista nos lleva hasta el primer monumento megalítico (perfectamente indicado, de hecho toda la ruta esta muy bien señalizada), el dolmen del Pou, del cual sólo quedan unos pocos restos, y que se encuentra sobre un pequeño montículo a la derecha del camino. Sin embargo, arqueológicamente es quizás el más importante de todos los restos que vamos a visitar durante la excursión. Data del año 2200 antes de Cristo, y en su interior se encontró una caja de piedra con restos humanos calcinados.


La ruta, perfectamente señalizada

Antiguo camino a Bolquera

Desvío hacia el primer dolmen

Erik dirigiéndose hacia el túmulo

Restos del Dolmen del Pou
 
 
Volvemos al camino y en ligera bajada llegamos a una bifurcación. Giramos a la izquierda y pisamos una de las vías de comunicación más antiguas de la Cerdanya, una calzada romana que iba hacia Catalunya. A la derecha, en medio de los prados sobre un pequeño promontorio vemos el dolmen de Pasquarets. Abandonamos momentáneamente el camino y subimos por un pequeño senderito hasta el dolmen. Aquí, según el folleto que llevamos, se han encontrado perlas de estaetita y de pasta, restos de los objetos ornamentales del difunto. Es un bonito dolmen, aunque pequeño. Sin embargo, las vistas desde aquí son realmente bonitas.
 
 
 
A lo lejos ya vemos el dolmen de Pasquarets

En la bifurcación, a la izquierda

Por el senderito hacia el dolmen

Jan entra en el interior del dolmen

Una foto con el dolmen

Dolmen de Pasquarets
 
 
Empiezan a caer unas gotas y creo que vamos a tener que echar mano de los chubasqueros. Frente a nosotros, por la zona cercana a Font-Romeu se ve una cortina de agua, señal de que las lluvias se han adelantado. En el altiplano, sin embargo, deja de chispear. Bajamos por la vía romana, un camino amplio reforzado por muros de roca tallada en algunos puntos. Encontramos una nueva señal que nos indica la dirección hacia el puente megalítico.


Las nubes descargan al norte

Dejamos atrás el dolmen...

...y continuamos por el camino
 

Algún resto de empedrado

 
Vistas al Cambre d'Ase

 
Señal hacia el puente megalítico

Pasando junto a un muro de piedras

Nos acercamos a la riera de Eina y la cruzamos por un puente de madera, que está asentado sobre la base del antiguo puente medieval. Pasamos de largo un sendero señalizado a nuestra izquierda, y un poco más adelante llegamos hasta los restos del puente megalítico, del que sólo quedan un par de rocas de granito, por lo menos lo que yo alcanzo a ver. Hay mucha vegetación y una alambrada que nos impide bajar hasta el lecho del riachuelo, así que nos tenemos que conformar con mirar desde el camino.


Llegando al puente

Base de piedra del antiguo puente medieval

Pasamos de largo el sendero señalizado...

...para visitar el puente megalítico

La madre observando los restos del puente


Volvemos hacia atrás, hasta el sendero que habíamos pasado de largo, y subimos por él hasta alcanzar la carretera. Giramos a la derecha, bajamos por ella unos metros y la cruzamos para continuar por el sendero que nos lleva hasta un menhir, una alargada y puntiaguda roca de granito, que según el folleto es una herencia megalítica de las viejas creencias paganas ligadas al culto del agua y la tierra.


Subiendo por el sendero

Bajamos por la carretera unos metros...

...y cruzamos al otro lado para seguir por el sendero

Menhir

"Jan, hay que comer más jabalíes"


Dejamos atrás el menhir y atravesamos unos extensos prados que en primavera deben ser espectaculares. Nos aproximamos a la siguiente parada de nuestra ruta prehistórica: las cúpulas.


Otra vista del menhir

El camino se adentra en una zona de prados

Vistas hacia los prados

Encaminándonos hacia las "cúpulas"


Las cúpulas son una aglomeración de rocas de granito con algunas pequeñas cavidades que al parecer servían para recoger el agua con fines religiosos. Alrededor de ellas, hay otras pequeñas rocas formando diversas figuras.


Jan sobre una de las grandes rocas

Las rocas repartidas sobre la planicie

Otra acumulación de rocas

Esas nubes no presagian nada bueno


El camino gira a la izquierda atravesando una zona conocida como el Pla del Bac, acercándonos al pueblo. Sin embargo, antes de llegar nos desviamos a la izquierda para ver otra acumulación de rocas, una de las cuales forma una pequeña estancia que está datada del año 3300 a.c., testimonio antiguo de la presencia humana en el altiplano ceretano. Tras visitarla, seguimos el camino que, en una fuerte bajada, nos lleva nuevamente a la entrada del pueblo, junto al aparcamiento.


Visitando la casa prehistórica
 
Los peques explorando
 
El camino nos conduce al pueblo
 

Vistas hacia Font-Romeu

 
Llegando a Eina
 
 
Como la excursión nos había llevado poco tiempo, unas dos horitas, decidimos completar la mañana tomando unos relajantes baños en las aguas sulfurosas de Llo. Desde Eina seguimos una estrecha carretera que en unos ocho kilómetros te lleva a Llo. Solo hay que seguir los indicadores para llegar al aparcamiento de los baños. Hay piscinas interiores, exteriores, sauna y baños de vapor. El agua a 37 grados, lo que necesitaban nuestros cuerpos después de tres jornadas de montaña.
 
 
Una de las piscinas del exterior

Jan relajándose bajo un caño de agua

Erik en uno de los jacuzzis interiores

Que a gustito estamos

Un selfie tras los baños
 

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