Con los niños a cuesstas

Con los niños a cuesstas

jueves, 28 de febrero de 2013

Invernal al Puigsacalm

De los diferentes caminos que hay para coronar el Puigsacalm, el que parte desde la Collada de Bracons es el más sencillo, tanto por su distancia como por el desnivel (algo menos de 400 metros), para subir con los niños. Tras la nevada del viernes, decidimos intentar ascender esta montaña y al mismo tiempo disfrutar de la nieve. Y de nieve, vaya sí encontramos, tanta que al final más que una excursión se convirtió en toda una invernal. El punto de partida de la excursión es la Collada de Bracons, punto fronterizo entre las comarcas de Osona y la Garrotxa. Para llegar hasta aquí desde Barcelona, tomamos la C-17 hasta pasar Vic, posteriormente nos desviamos por la C-37 hasta la salida de Sant Pere de Torelló y desde allí seguimos la BV-5224 hasta pasar el kilómetro 25. 

Distancia: 8 km.
Tiempo: 5 horas, con paradas y juegos en la nieve
Tiempo para un adulto: 2 horas 45 minutos sin paradas


Mapa de la ruta - Ed. Alpina

Dejamos el coche en el espacio que hay en el collado al lado de la carretera y nos disponemos a iniciar el ascenso con una temperatura de -5ºC. Lo primero que se debe hacer es trepar por la roca que queda frente a nosotros y tomar el sendero que parte desde el poste indicativo que hay arriba. Hoy nos acompaña Dani, un amigo de Erik que se ha apuntado a subir al Puigsacalm con nosotros. Así que, con un recluta más en la tropa, nos ponemos en marcha y "escalamos" la primera dificultad del día.

Hay que trepar por esta roca

Mª José superando el primer obstáculo

Poste donde se inicia el sendero

El camino asciende suavemente atravesando un bonito hayedo donde ya encontramos gran cantidad de nieve. Ésta se acumula principalmente en la zonas más sombrías. Durante toda la ruta veremos marcas rojas, amarilla y azules (hay de todos los colores) que nos guiarán hasta la cima. Dejamos a nuestra derecha un senderito que conduce a la Roca del Corb y el Tossell Xic y continuamos por el sendero principal. A pesar de la nieve, el camino es bastante evidente y aún no se ha convertido en el barrizal que sufriremos a la vuelta.

Nieve desde el comienzo de la ruta

Subimos atravesando el hayedo con Jan en cabeza

Qué ganas tenían de tirarse al suelo

Reagrupados otra vez después de jugar

Poco a poco vamos ganando altura, muy suavemente hay que decirlo, mientras nutridos grupos de excursionistas nos avanzan, al llevar un ritmo más rápido. Esta ruta es la más concurrida para subir al Puigsacalm y la zona donde se puede dejar el coche no es muy grande, por lo que conviene llegar tempranito para asegurarnos de poder estacionar el vehículo.

Los tres peques posando rodeados de nieve

Seguimos subiendo cruzando el hayedo

¡¡Cuanta nieve!!

Tras 40 minutos de caminata (a nuestro ritmo), llegamos a la Collada de Sant Bartomeu, habiendo pasado antes por un par de formidables ejemplares de haya. El lugar lo identificamos por el poste que hay. En este punto nos desviamos a la derecha, dejando a la izquierda el camino que continua hacia la collada, y cruzamos por encima de una cuerda que cierra el paso, a modo de barrera. Una vez al otro lado, giramos hacia la derecha donde un poste de madera nos marca el camino a seguir.


Llegamos a la Collada de Sant Bartomeu

Jan cruzando por debajo de la cuerda azul

Este poste nos marca por dónde continuar

El camino desciende ligeramente y en el primer tramo debemos tener cuidado porque, al ser algo más empedrado, la nieve se ha convertido en hielo y resbala. Atravesamos el bosque cargado de nieve disfrutando de una excursión que no imaginábamos al prepararla.

Nos adentramos nuevamente en zona boscosa

Esta parte está mas resbaladiza

Bonito paisaje invernal

¡¡¡Ahí va, el yeti!!!

El camino asciende ligeramente hasta un punto donde la subida es más pronunciada y debe superarse haciendo zig zag. Aquí, quizás por ser una zona más soleada, no queda mucha nieve, que volvemos a encontrar en gran cantidad una vez superada la subida y de nuevo caminando por el sendero. A nuestra izquierda, y entre las ramas de las hayas, divisamos el pueblo de Vidrà. Seguimos el sendero hasta llegar a un desvío marcado por un poste. Hacia la izquierda el camino continua hasta Vidrà. Nos desviamos a la derecha en dirección hacia la Font Tornadissa subiendo por un sendero donde el grosor de nieve es mayor.

Erik seguido por Dani y la madre cerrando el grupo como coche escoba

Superamos la subida en varias lazadas

Desvío a la Font Tornadissa

El camino hacia la fuente cargado de nieve

Cruzando el precioso hayedo nevado nos ponemos diez minutos más tarde en la Font Tornadissa. El lugar es muy bonito, especialmente en primavera y otoño, aunque en esta ocasión la nieve no permite apreciarlo en todo su esplendor.

Atravesando el hayedo

¡Qué gamas tenía la madre de tirarse al suelo!

Alcanzado el área de la Font Tornadissa

Font Tornadissa

Dejamos atrás la fuente y comenzamos la subida más "fuerte" de la jornada por los prados desviándonos poco a poco hacia la derecha. Cuando llegamos a la parte superior de los parados las vistas son espléndidas tanto de los Pirineos, como de Vidrá y Bellmunt.

Subimos por el prado paralelos al sendero algo embarrado

Jan el plena subida dejando atrás al resto de la familia

El primero en alcanzar los prados

El santuario de Bellmunt se eleva al fondo

Una vez arriba, frente a nosotros veremos una zona vallada con alambre que seguiremos hacia la derecha. Es la zona conocida como Rasos del Manter, unos amplios prados donde pasta el ganado. Jan ha cogido la iniciativa y abre huella al grupo. Tengo que echar el resto para alcanzarlo porque ha puesto el turbo y corremos el riesgo que el resto de la familia quede descolgada, en especial la madre, que ya empieza a sufrir su típico "mal de altura". Este niño promete, cinco años y nos lleva con la lengua fuera. En fin, avanzamos paralelos al vallado hasta alcanzar un poste indicador junto a una puerta de madera, por la que cruzamos al otro lado y nos volvemos a internar en una zona boscosa.

Jan caminando hacia el vallado...

...y siguiéndolo hacia la derecha

Poste que marca la puerta del vallado

Cruzamos al otro lado por este punto

El camino desciende ahora ligeramente hasta desembocar en los Rasos de Clivillers, donde un nuevo poste indicador nos señala el camino hacia el Puigsacalm.


No hay quien lo coja

La madre parece que se ha recuperado

Poste indicador al final de los Rasos de Clivillers

Nos adentramos nuevamente en un hayedo que al estar en una zona donde no da el sol acumula gran cantidad de nieve. Poco a poco avanzamos siguiendo a Jan, que va abriendo camino a toda la tropa, hasta alcanzar un último poste indicador que nos señala la subida al Puigsacalm. Unos metros más allá del poste hay un botiquín de madera.

Jan continúa abriendo huella al grupo

El hayedo cubierto completamente de nieve

El resto del grupo algo retrasado

Poste indicador a la cima del Puigsacalm

Un botiquín de montaña

Desde este punto se inicia la subida a la cima. La pendiente es dura, pero eso no parece que amedrente a Jan que, sin saber de dónde saca las fuerzas, encara la subida a un ritmo que ni Killian Jornet en sus mejores carreras. Como es previsible es el primero en coronar la cumbre, seguido de un servidor al que la lengua le llega a las rodillas. Poco a poco el grupo se va reuniendo en la cima y nos hacemos las fotos de rigor.

Jan ascendiendo los últimos metros hasta la cima...

...y coronando el Puigsacalm el primero

Erik y Dani en la cumbre

¡¡¡Cima!!!

La madre, cerrando el grupo

Puigsacalm, 1515 metros

La cima está muy concurrida. Las vistas son espléndidas hacia Cabrera y la Vall d'en Bas. A una media hora de distancia está el Puig dels Llops donde también hay reunido un nutrido grupo de montañeros. Es hora de reponer fuerzas y meterle mano a los bocatas. Nos parapetamos del viento en la base del vértice geodésico y damos cuenta de ellos.

Sacando los bocatas...

...y dando cuenta de ellos

Vistas a la Vall d'en Bas

La tropa quiere jugar con la nieve, así que recogemos la mochilas e iniciamos el descenso por la empinada ladera. Cruzamos el hayedo hasta salir nuevamente a los Rasos de Clivillert donde la abundante nieve hace las delicias de los pequeños.

Abandonando la cima

Cruzamos nuevamente el hayedo con algún que otro resbalón

Preparando las bolas...

Toma pelotazo

Todo el grupo posando en la nieve

Pasan un buen rato jugando y revolcándose, hasta que el padre, mirando el reloj, pone fin a la diversión. Regresamos por el mismo camino hasta la Collada de Bracons, donde habíamos dejado el coche después de disfrutar de un inolvidable día de montaña.

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