Con los niños a cuesstas

Con los niños a cuesstas

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Gorges de Carançà

A unos 30 minutos de Font Romeu en dirección a Prades por la N-116 (la misma que viene desde Puigcerdà y cruza la frontera), se encuentra el pequeño pueblo de Thuès-Entre-Valls, punto de inicio de una espectacular excursión. La ruta consiste en seguir el curso del río Carançà primero por una aérea cornisa excavada en la roca y posteriormente por un conjunto de pasarelas y puentes (algunos de ellos colgantes) para regresar por el otro lado del río siguiendo un duro camino de montaña por el Roc de la Madriu. La ruta es una auténtica aventura para los más pequeños, pero también peligrosa si tenemos vértigo o no los vigilamos de cerca. Tanto en el tramo de las cornisas como en la parte de las pasarelas deberemos tener mucho cuidado y caminar despacio. Si bien para un adulto la excursión no presenta ningún tipo de dificultad, al ir con niños debemos ser muy conscientes del peligro y extremar la prudencia, y lo digo porque durante la ruta vi cosas alucinantes, tales como un esforzado padre de familia francés con dos vástagos ascendiendo por el camino del Roc de la Madriu en chancletas (cuando paséis por allí os podréis hacer una idea) o familias con niños pequeños que marchaban sin saber ni dónde estaban, ni el camino por el que debían volver. Nosotros tardamos 6 horas en completar todo el recorrido, contando las numerosas paradas que realizamos para comer y el lento ritmo que llevábamos, que serían poco más de tres y media para un adulto, sin paradas. Conviene madrugar y empezar a caminar pronto, pues la vuelta por el camino del Roc de la Madriu puede ser muy fatigoso castigados por el sol de mediodía.

Distancia: 7,5 km.
Tiempo: 6 horas, con paradas
Tiempo para un adulto: 3 horas 45', sin paradas

Mapa de la ruta - Fuente: deandar.com

Tras pasar la localidad de Fontpedruse por la N-116, llegamos hasta el desvío señalizado de Thuès-Entre-Valls y dejamos el coche en el parking que hay habilitado en el interior del pueblo (3 euros). Nos ponemos en marcha cruzando el río por un pequeño puente que hay cerca de la entrada del parking, siguiendo el camino de las cornisas. Cruzamos por encima de las vías del tren amarillo e iniciamos una fuerte subida por un sendero algo descompuesto que nos permitirá ganar altura rápidamente. Llegaremos a una bifurcación frente a una estación hidroeléctrica y seguiremos por su izquierda, ya por un camino más plano hasta alcanzar un pequeño túnel, puerta de entrada a la cornisa.


Cruzamos el puente

Que quede claro que la ruta tiene cierto riesgo

Pasamos sobre las vías del tren amarillo

Jan en plena subida

Entrada a la cornisa

La familia preparada para la aventura

Nos ponemos en marcha pegados a las rocas, aunque este primer tramo no parece presentar riesgos, ya que el camino tiene cierta anchura y, como detalle, carece de pasamanos. Sin embargo las vistas hacia nuestra izquierda son de vértigo, pues no alcanzo a divisar el lecho del río entre la vegetación. Avanzamos tranquilamente hasta llegar a una bifurcación señalizada donde tomamos el camino de la izquierda que baja ligeramente hacia una zona boscosa, hacia las pasarelas.


Frente a nosotros el vacío

En este punto el camino es ancho

Hay que tomar el camino hacia las pasarelas

Pasando por una zona boscosa y fresquita

Llegamos por fin al inicio de la parte más peligrosa de la cornisa. El camino se estrecha en algunos puntos, aunque en ningún momento llegué a tener auténtica sensación de peligro con los niños. El pasamanos da confianza y el hecho de avanzar cogidos a él nos transmite cierta sensación de seguridad. No obstante, es conveniente ir despacio y controlar a los más pequeños, pues cualquier tropezón con una piedra nos puede dar un buen susto.

Inicio de la parte más peligrosa

El camino se estrecha en algunos puntos

Una foto antes de ponernos en marcha

Avanzando cogidos al pasamanos

Poco a poco vamos recorriendo toda la cornisa. En los puntos más delicados cojo a Jan de la mano aunque, repito, no llegamos a tener en ningún momento una sensación de estar realizando una actividad peligrosa, y para un adulto que no sufra vértigo, no deja de ser un paseo con una cierta emoción.


Despacito para no tropezar

Un respiro en una zona más segura

Otra foto de mi valiente tropa

Frente a nosotros se abre el vacío

En algún punto más comprometido cojo a Jan de la mano

Llegamos a un punto donde pasamos por una pasarela metálica que parece indicar el fin de la cornisa. Nada más lejos de la realidad. Esta continúa un poco más, aunque con un sendero un poco más amplio. Descendemos hasta alcanzar una escalera metálica que debemos subir y que, pasando por otra pasarela, nos conduce hasta una pequeña presa, donde encontramos a varias personas pescando.


El sendero sigue siendo estrecho

Cruzando una primera pasarela

La cornisa no ha acabado todavía, familia

Escalera para subir a una nueva pasarela

Avanzando con Jan de la mano

Alcanzando la presa

Aquí comienza el tramo equipado para remontar el río Carançà. Cruzamos el primer puente colgante y cuidado que éste se mueve. Si no caminas por el centro notarás esas cosquillitas en el estómago. Pasa primero Erik, que nos sirve de conejillo de indias (vaya padre cobarde), después Jan con su madre y, finalmente, al ver que ninguno de los miembros de mi tropa ha acabado en el lecho del río, un servidor.


Erik cruzando el puente

Jan y su madre subiendo por la escalera...

...y cruzando el puente

Erik junto al lecho del río

Justo cuando hemos pasado el puente, unos doscientos metros más arriba encontraremos un sendero señalizado que sube a nuestra izquierda. Es el camino de vuelta por el Roc de la Madriu. Nosotros seguimos subiendo junto al lecho del río hasta alcanzar una pasarela por la que cruzamos nuevamente al otro lado.

Erik cruzando la pasarela

Con Jan al otro lado del río

Seguimos remontando el curso del Carançà

Un poco más arriba una escalera metálica nos sube hasta una nueva pasarela. Aquí empieza la zona más delicada de la excursión. Caminaremos por pasarelas a cierta altura del lecho del río, por lo que conviene extremar el cuidado con los más pequeños. Un pasamanos nos permite agarrarnos y caminar con cierta seguridad. Lo más peligroso es si nos encontramos a mitad de pasarela con algún grupo que viene en sentido contrario, por lo que es mejor asegurarse de que no hay nadie al otro lado.


Subiendo a la pasarela por la escalera

Agarrados al pasamanos

Un nuevo puente colgante

Erik en pleno equilibrio

Otros excursionistas esperan su turno para cruzar

Bajamos nuevamente junto al curso del río para encontrarnos un poco más arriba con otra escalera y una nueva pasarela, ésta a menor altura. El río va formando pequeños saltos a lo largo de su curso que junto a la abundante vegetación realza la belleza del lugar.

Erik subiendo una nueva escalera

Lecho del río

Bien cogidos al pasamanos

Vistas de la pasarela 

Tras este tramo equipado, volvemos a bajar hasta el río para ascender por una zona llena de rocas. Es un buen lugar para descansar y meter los pies en las frías aguas del Carançà, pero teniendo cuidado de no resbalar con las piedras y acabar en el agua.


Subiendo por las rocas

¿Splatalazo del día? No, Erik tomándose un descanso

El río baja con más fuerza en este punto

Nuevamente en marcha, llegamos hasta una nueva escalera por la que subimos al último tramo de pasarela de la excursión. Es un tramo largo donde debemos cruzar un nuevo puente colgante, sí, de los que se mueven.


Otra escalera más

Avanzando por la nueva pasarela

Otro puente colgante

Jan ya ha perdido el miedo. Su madre, no

Tramo de pasarela por encima del río

La madre no suelta la mano del niño en ningún momento

Al final de la pasarela, el camino asciende pasando junto a una pequeña cascada y un poco más arriba hasta un puente donde decidimos darnos la vuelta. No hace falta llegar hasta el refugio de Carançà, varios kilómetros más arriba. Nuevamente nos toca pasar por todas las pasarelas y puentes colgantes, pegados a la pared rocosa esperando no cruzarnos con nadie en medio de alguna de las pasarelas, aunque no siempre lo conseguimos y hay que tener cuidado para ceder el paso.


Pequeña cascada

Último puente de la ruta

De vuelta por las pasarelas

Otro puente colgante

Vista del puente colgante y la pasarela

Más pasarela

Un servidor cruzando uno de los  puentes colgantes

Llegamos al desvío por donde regresaremos al parking, un poco antes de alcanzar el primer puente colgante. En este punto es mejor que, si es la hora, comamos o descansemos un buen rato. El sendero que seguiremos hasta el final de la excursión es bastante duro, con una fuerte subida al principio, un tramo de constantes subidas y bajadas, y un último trozo de fuerte bajada hasta alcanzar la ribera del río, por un sendero muy empedrado y con escasos puntos donde poder descansar cómodamente. Si tenemos niños pequeños y el tramo de las cornisas no nos ha parecido peligroso, podemos regresar por ahí, mucho más fácil, directo y rápido.

Tomamos el desvío señalizado para volver al parking

Erik tira del grupo y nos tiene que esperar 

Una pequeña pausa para una foto

La subida es fuerte, vamos ganando altura hasta llegar a un punto por encima de la cornisa que queda frente a nosotros al otro lado del río. En este tramo me encuentro con infinidad de personas y familias que han escogido este sendero como camino de ida. Algunos van muy perjudicados, otros no saben bien por dónde van y otros especulan con darse la vuelta en cuanto lleguen a la presa. Son las dos de la tarde y el calor aprieta. Me doy cuenta de que muchas de las personas con las que me cruzo no eran conscientes de la dificultad de la excursión por falta de información y han comenzado a caminar muy tarde, van mal equipados y el único mapa que llevan de la zona es un folleto turístico, entre ellos el francés que va en chancletas. No pretendo dar lecciones a nadie, pero sí debemos ser conscientes de dónde vamos y más si tenemos niños a nuestro cargo. La montaña es muy bonita, pero también puede ser peligrosa si no la respetamos.


Vistas a la cornisa

Pasando entre una brecha abierta en la roca

Las subidas y bajadas son constantes

Otra vista de la cornisa

Tras varios sube y baja llegamos a un punto a la misma altura de la cornisa, por donde vemos caminar a muchos excursionistas frente a nosotros. Desde aquí la bajada es constante y directa, dificultosa por el terreno que pisamos y con poca vegetación.

Excursionistas caminando por la cornisa

Erik se hace una foto con la cornisa a su espalda

Un paso estrecho en plena bajada

Bajando un tramo de escaleras naturales

Poco a poco vamos bajando en zig-zag hasta llegar junto al lecho del río. Pasaremos junto a un puente que no cruzaremos, pues nos mandaría nuevamente y tras una dura subida a las cornisas. Seguimos rectos por un sendero arreglado con cemento pegados a la pared de la roca hasta un poco más adelante vislumbrar un pequeño túnel, que se convierte en nuestra línea de meta: hemos llegado nuevamente al parking del pueblo tras haber disfrutado de una excitante excursión.

El camino se vuelve más sencillo

Pegados a la roca

Caminando junto al lecho del río

Llegando al final de la excursión

Jan celebrando el desafío conseguido

5 comentarios:

  1. Hola Francisco. Me queda una duda sobre el tiempo de recorrido. ¿Las seis horas son sólo de ida? ¿O hablamos del tiempo total de la ruta? Voy con una nena de 5 años y estoy planificándolo un poco.
    Aprovecho para felicitarte por el blog y por la estupenda familia que sois, y agradecerte mucho, muchísimo el trabajo que realizas colgando todas las rutas pues a muchos de los que estamos al otro lado de las pantallas nos das unos fines de semana inolvidables. Un saludo!

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    1. Las seis horas son en total, ida y vuelta contando todas las paradas que realizamos para descansar, comer, etc. Como el tiempo que tardas con los niños es muy relativo, pues depende de la edad, las paradas y el ritmo que lleves, pongo también a modo de orientación lo que estimo que tardaría un adulto en realizar toda la excursión sin paradas. Muchas gracias por tu comentario.
      Un saludo

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  2. Gracias Francisco,
    Han caído este fin de semana tanto les Gorges como la cueva, aprovechando ya que hemos hecho noche en Francia. Como nota curiosa tan solo decirte que bajando por Roc de la Madriu tuvimos un deja-vú sobre tu relato pues nos encontramos a una familia subiendo con dos críos pequeños (4-6 años a lo sumo) y otro en la mochila porteada por su padre que iba con... chancletas! Realmente pasan pocas cosas.
    Un saludo!

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    1. Esto de las chancletas, no sé. Quizás es una nueva moda entre los franceses, pero muy cómodo no debería ir, a riesgo de torcerse un tobillo. Me alegro que disfrutarais de las dos excursiones. Un saludo.

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  3. muy prometedora la haremos gracias por el relato

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